Emily Brontë, by Agnes Mary Frances Robinson (1883)
sábado, 10 de noviembre de 2018
domingo, 21 de octubre de 2018
Beast in you
La primera vez que la escuche me indujo a una especie de trance inexplicable.
Lloré intempestivamente, desde el pecho, con cada músculo de la cara contraído. Lloré por lo inesperado, por lo inexplicable, porque me atravesó, se hizo carne desde el primer momento, porque hacía mucho no me sentía así de exhortada.
"Beast in you" es adentrarse en la propia consciencia, es como nadar y tener la cabeza sumergida en el agua. Es perder la noción del tiempo pero estar muy despierto, quizás como nuca. Una sensación de inmensidad, de infinito, de calma pero por sobre todo de fuerza.
Es mirar al cielo de noche y quedar magnetizado por la oscuridad. La pregunta por las estrellas, esa pregunta que se hizo Pessoa alguna vez
"Me da lástima de las estrellas
luciendo hace tanto tiempo,
hace tanto tiempo...
"Beast in you" fue un intervalo en la recta lineal del tiempo, de los minutos que se suceden ininterrumpidos, que se escurren de las manos. Lloré porque me detuvo de golpe, me obligó a un acto de introspección, me permitió percibir de otra forma. Porque cada vez que la escucho algo en mi se transforma y aprendo a ver en las más pequeñas cosas una manifestación de la existencia. Me siento viva porque recuerdo la belleza del mundo.
domingo, 5 de noviembre de 2017
El vacío
Desde muy temprana edad la idea de vacío causó en mí un gran estupor. Recuerdo ser apenas una niña y sentarme en la oscuridad contemplando hacia ninguna parte. La oscuridad me aterraba. No porque imaginara alguna clase de criatura extraña que fuese a aparecer sino por la oscuridad propiamente dicha. El "no ver", el "no sentir". El silencio. Todas estas sensaciones me incomodaban al punto tal que me largaba a llorar desconsoladamente y acudía a mi madre quien (ya acostumbrada a estos episodios) me tranquilizaba acariciándome la cabeza repitiendo "todo está bien".
Confieso que en ese entonces la angustia era intermitente. Aparecía y desaparecía de forma arbitraria y sin ninguna explicación.
Conforme fui creciendo esa angustia existencial se transformó en preguntas y en búsqueda.
El miedo por "el vacío", "la nada" o "el fin" nunca desapareció completamente y aunque ahora sea una adulta que ha aprendido a controlar sus sentimientos y no llorar frente a la contingencia de lo incierto, cada tanto emerge en mí ese sentimiento de solemnidad frente a la falta de sentido. Frente a la falta de respuesta a la pregunta de: ¿Quiénes somos? ¿Qué es "ser? ¿Que es la "nada"? ¿Como se nos presenta? ¿Cuál es el límite de "lo real"?
domingo, 29 de octubre de 2017
COSAS
El ruido de la lluvia, Bob Dylan, el café, los jazmines, los libros nuevos, sentir el pasto descalza, las sábanas limpias, ventilar las habitaciones,el ruido de una taza contra un plato, la mañana, las remeras viejas, lavarme la cara, entrar a un cine, guardar papeles de caramelos, Lou Reed, Sartre, cebar mate a gente que me cae bien, los consejos de mi madre y el olor de la torta de manzana que hace, mancharme los dedos con tinta de diario, acostarme en el piso en verano, subrayar y marcar libros, el melón, el joggin por sobre todas las cosas, la bolsa de agua caliente en invierno, las bufandas y los pulóveres de lana, los abrigos muy grandes, los zapatos "de hombre", los anotadores, las películas viejas, los museos de arte, la música gitana, el vino tinto, las servilletas de los bares, las máquinas de escribir, sonarme los dedos, abrazar a la gente que quiero, ver niñes jugando, conocer a lxs vendedores de las librerías, escuchar la radio, el olor a madera quemada, tirar la yerba del mate, colgar la ropa limpia, el viento cuando estás arriba del colectivo, estar en un bar cuando llueve, contar cosas aleatorias por la calle, dormir (cuando el insomnio no me acecha) las almendras, el olor a eucalipto, los envoltorios de los regalos, el hummus, comer con la mano, saltar baldosas rotas, el olor del mar, el mar.
lunes, 23 de octubre de 2017
jueves, 31 de agosto de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
No es que sea una cuestión de perspectiva. Simplemente es así.
Durante tanto tiempo tratando de buscar una razón fundante, originaria.
Una explicación ontológica que me permita tranquilizarme.
Nietszche decía que la tragedia y el mundo onírico, bello, apolíneo se complementan por excelencia.
En base a la tragedia es que podemos contemplar las razones por las que sí vale la pena vivir. Algo así como la necesidad imperiosa de crear un ser monstruoso, mítico para después replegarnos sobre nuestro propio auto consuelo.
La verdad es que esto nunca funcionó realmente para mí. Hay algo de la tragedia en-sí que me atrae.
Pero no por sucontraposición a una supuesta "voluntad de poder" o impulso de vivir.
La tragedia en-si.
No puedo explicarlo. No es que uno busque regodearse en su propio dolor. Simplemente me interesa.
Como un fenómeno científico que no se puede explicar y por tanto nos atrae (¿obsesiona?) irremediablemente.
Lo tragedia, el drama o más bien ese discurrir sombrío del mundo.
En una época en la que todos están arrojados a una búsqueda permanente de satisfacción instantánea, no puedo dejar de sentirme mal por no encontrar un motivo.
Algo que explique el sentido de la vida, el inicio o el fin de un ciclo. Algo que explique lo impredecible, lo que se transforma, lo que deviene, lo que transcurre.
Simplemente me angustia. Porque estamos arrojados así sin más.
El universo y el abismo que nos rodea me perturban porque los límites se vuelven más estrechos o quizás infinitos. Eso me angustia. Que en realidad no sé qué es lo que sucede.
De cualquier forma "Cogito ergo sum".
No sé absolutamente nada, solo se que pienso. Pienso, por lo tanto existo.
Ojalá eso me vaste. Ojalá pueda encontrar más certezas que ésta.
martes, 8 de agosto de 2017
Quietud
Existen pensamientos que no pueden atraparse
son parte de ese bloqueo existencial que nos acecha
El tiempo acelera rápidamente y todo comienza a dar vueltas
La visión se vuelve borrosa.
La mente no opera. No por un estado de quietud o pasividad sino por la sinergia
de su propio movimiento
Demasiadas ideas en muy poco tiempo.
El colapso es inevitable.
Deseo escribir sobre esa extraña pesadilla en la que veía desmayarse a alguien pero
su cuerpo desaparecía.
No podía encontrarla y me obsesionaba en la búsqueda de una persona a la que en realidad
no había podido ver con detenimiento.
El despertar después de una pesadilla es de las experiencias más atemorizantes que existen
Se pierde la noción del tiempo y se experimenta un estado de angustia que parece no tener motivo
Ese día estaba más angustiada que nunca.
Había tenido pesadillas recurrentes a lo largo de la noche, eso era evidente.
Me había enredado en las sábanas y me caían gotas de transpiración por la frente. Estaba es un severo estado febril del que tardé en salir.
El colapso de las ideas genera efectos inéditos en el estado de vigilia plena pero por sobre todo en la nocturnidad.
Deseo correr y escapar de eso. La naturaleza humana puede ser muy engañosa.
jueves, 3 de agosto de 2017
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